viernes, 23 de octubre de 2015

Sobre la situación de la derecha, y 2

37.-Sobre la situación de la derecha y 2

            Desde el ya lejano desmoronamiento de la UCD, la derecha política, tanto en la oposición como en el poder, siempre se ha mostrado, a diferencia de la izquierda, de forma monolítica ante la ciudadanía, dando la sensación de poseer una fortaleza y una poderosa unidad interna bajo el férreo control de incuestionables liderazgos, que conseguían difuminar e incluso casi hacer desaparecer, al menos de cara al exterior, las indudables diferencias existentes en su seno. La derecha siempre era una, mientras que la izquierda eran varias, lo que en un sistema electoral como el español le proporcionaba importantes réditos, ya que el voto del elector de derechas nunca se perdía por los sumideros de los repartos proporcionales a la hora de contabilizar los sufragios. Esa férrea unidad, a la que sin duda han contribuido sus medios afines, los cuales, al menos hasta ahora han apostado por una derecha fuerte y unida bajo esos fuertes liderazgos, que siempre ha sido uno de sus rasgos característicos, liderazgos posiblemente necesarios dada la tendencia existente dentro de sus filas a “las baronías” y al caudillismo. Hasta el momento la fragmentación de la derecha se ha podido evitar gracias a la existencia de un poderoso poder central, desde el que se distribuía el reparto de las prebendas hacia la periferia, lo que a su vez justificaba la existencia de ese mismo poder central.
            Pero en lo ideológico la derecha ha sufrido importantes transformaciones, mucho más radicales que la padecidas por izquierda, que hasta cierto punto se ha quedado anquilosada, aunque en España esas transformaciones en buena parte se han visto amortiguadas por el excesivo peso del conservadurismo político que siempre ha sido el sector hegemónico, el cual ha impedido, al menos hasta la fecha, que las nuevas tendencias florecieran libremente en su seno. La derecha conservadora juega con el neoliberalismo como si este se tratara de un juguete nuevo que se ha encontrado al pie de la cama un día al despertar, mientras que la nueva derecha es neoliberal, lo que le ha obligado a vivir fuera del asfixiante ambiente del Partido Popular, en las cátedras universitarias o en la vida profesional, sin atreverse, porque no le era necesario, a rivalizar políticamente con los tradicionales portadores de los estandartes de la derecha.
            Pero ahora, curiosamente, cuando menos se esperaba, alrededor de  un pequeño partido periférico, que creo que aún no ha comprendido lo que se ha encontrado, los votantes descontentos con las políticas llevadas a cabo por los que hasta ahora habían sido los suyos, en lugar de optar por la abstención, parece que se van a ver obligados a dar un golpe sobre la mesa para decir “que otra derecha es posible”, y esa derecha puede que sea “Ciudadanos”.
            Lo que con el tiempo he podido aprender, es que la necesidad es lo que marca los tiempos políticos, al igual que casi en todo, y que del mismo modo que el 15M no parió de forma inmediata a su movimiento político, sino varios años después, lo mismo puede ocurrir en la derecha, que aunque quiera, no está exenta de los contagios que le provoca su contacto con la realidad. Hace algunos años, fracasó de forma estrepitosa una operación que aspiraba a crear una nueva vía dentro de la derecha, la denominada “Operación Roca” bajo el recién creado Partido Reformista. Muchos, aunque evidentemente no la apoyamos, creíamos necesario esa opción, gracias a la cual se pudiera diferenciar claramente la derecha de siempre, la derecha conservadora, intervencionista  y clerical, y la nueva derecha, aquella que además de creer ciegamente en las virtudes del mercado, era también liberal en las costumbres y en la forma de entender la política. Ese proyecto, a pesar de los grandes fondos invertidos en él, fue uno de los naufragios más estrepitosos que se recuerden en la política nacional, y fracasó no porque no fuera necesario, sino porque no era su momento.  Ahora, sin embargo, de forma diferente con lo ocurrido en la “Operación Roca”, parece que ese proyecto, que siempre ha permanecido solapado a la espera de tiempos mejores, va a emerger de forma natural, al agarrarse la legión de electores descontentos de la derecha a un pequeño partido que lo único que ha hecho ha sido estar ahí, con unos discursos que pueden resultar aceptables.
            Sí, hay que decirlo claramente, “Ciudadanos” es el “Podemos” de la derecha, la formación política que casi desde la nada, aunque bien dirigida, puede dinamitar a una derecha política que hasta la fecha se ha mostrado monolítica. También hay que decir, para que nadie se lleve a engaño, que “Ciudadanos” es un partido de derechas, de derecha-derecha, posiblemente mucho más radical en lo económico que el Partido Popular, aunque mucho más avanzado en las restantes cuestiones sociales. Un Partido sin excesivos lastres que si cuaja a nivel nacional, puede hacer que la derecha tradicional de este país, la que tanto nos avergüenza, la derecha de toda la vida, en pocos años se convierta en una formación residual. Lo curioso del tema, es que el Partido Popular, siempre tan lento en todo, aún no creo que haya calibrado el peligro que para ellos puede representar el también fenómeno “Ciudadanos”.
            No obstante, si ocurre lo que puede ocurrir, con la división del voto de la derecha en dos grandes bloques, como ocurre en toda Europa, se conseguiría la normalización electoral de ese sector de la sociedad, pues no es lógico, que actitudes y visiones tan opuestas sigan conviviendo bajo esas mismas siglas.


11.03.15

miércoles, 29 de abril de 2015

Sobre la situación de la derecha, 1

36.-Sobre la situación de la derecha, 1

            Hace poco más de una semana, una amiga me comentó con respecto a las próximas elecciones autonómicas andaluzas, que ella lo que deseaba era que ni el PSOE ni el PP consiguieran buenos resultados, al ser los causantes directos de la desastrosa situación que padecemos. Me sorprendió cuando me dijo, después de que le insistiera, que iba a votar a “Ciudadanos”, y me sorprendió porque sabía que siempre había votado a Izquierda Unida.
            Ayer, mientras que tomaba unas cervezas con unos conocidos, uno de ellos, con el que apenas tengo relación ya que lo conozco desde hace poco, provocó cierto revuelo al afirmar que  iba a votar a “Ciudadanos”, pues  a pesar de ser un tradicional votante del Partido Popular, en esta ocasión se encontraba incapacitado para seguir prestándole su apoyo.
            Ambos van a apostar por “Ciudadanos” desde perspectivas diferentes, al provenir la primera de la izquierda, diré incluso que de la izquierda exquisita y un tanto impostada, y el otro, del núcleo duro de los votantes del PP.
            Hasta hace poco, hasta hace bien poco, muchos estábamos convencidos que los efectos devastadores de la crisis sólo iba a afectar políticamente a la  izquierda, y que el fenómeno “Podemos” podría conseguir desangrarla y dividirla en beneficio del Partido Popular, que aunque perdiera votos, estos sin duda irían a parar directamente a la abstención, seguiría gobernando al ser no sólo la fuerza hegemónica de la derecha, sino la única opción política existente en la misma. Pero parece que no, que algo está ocurriendo que puede poner en jaque al Partido Popular, al menos tanto como con toda seguridad lo hará “Podemos” con el PSOE e IU, y que ese algo puede que sea “Ciudadanos”.  Hasta  hace sólo unos meses, daba vergüenza ajena observar el beneplácito e incluso la simpatía con que la derecha trataba a “Podemos”, que pese a su teórico radicalismo se había convertido en un aliado suyo de cara a las elecciones, al comprender que la formación de Pablo Iglesias a quien de verdad iba a erosionar era a sus competidores de la izquierda, aunque ahora el ceño se le ha vuelto adusto cuando se ha dado cuenta de la alta intención de votos con la que cuenta “Ciudadanos” formación que  sólo le puede dañar es a ellos.
            Aún es pronto para saber qué va a ocurrir, pero en este año eminentemente electoral, y esto creo que es positivo, puede pasar aún cualquier cosa, entre otras razones, porque el denominado voto oculto, también llamado vergonzante, no se encuentra sólo en poder de las dos fuerzas mayoritarias, pues pueden ser muchos los que a última hora deslicen su voto hacia las formaciones emergentes que en tiempo record, han sabido transformar por completo el panorama político de este país. Lo curioso del caso, es que ambas formaciones, “Podemos” y “Ciudadanos”, carecen no ya sólo de estructuras sólidas, sino simplemente de estructuras, por lo que si consiguen los resultados que les vaticinan los sondeos demoscópicos, y en este caso coinciden todos, se podría hablar de que se va a producir un auténtico terremoto. O lo que es lo mismo desde otra perspectiva, de que nada estaba tan consolidado como se imaginaba y que lo se necesitaban eran nuevos proyectos, aunque estos que han surgido evidentemente han sido favorecidos y propiciados por la crisis.
            La derecha española, la misma que se presentó y que ganó las pasadas elecciones generales con mayoría absoluta, la que gracias a un agresivo discurso se presentaba como la única opción política capacitada para regenerar la vida pública del país, la misma que se postulaba, gracias a sus propuestas marcadamente neoliberales, y a sus cualificados componentes para transformar el tejido productivo y para situar de nuevo a España en el lugar que le corresponde por derecho propio en el contexto internacional, se encuentra ahora, a sólo un año de terminar la legislatura, completamente quemada, agotada, desprestigiada y para colmo sin propuestas.
            Muchos fueron los que confiaron en el discurso del Partido Popular, sobre todo por los estragos que comenzaban a provocar la crisis económica y la impotencia y la incapacidad para afrontarla que se traslucía de la gestión de la administración socialista. Muchos fueron los que votaron sus candidaturas con la esperanza de que se produjeran cambios significativos que lograran enderezar el rumbo del país, en la confianza de que ellos podrían atajar los innumerables déficits que soportaba y lastraban a nuestra sociedad. Pero en poco más de tres años, y a pesar de contar con todo el poder institucional en sus manos, su mandato ha servido para dejar en evidencia, a la intemperie, toda su podredumbre interna y su incapacidad para afrontar todo aquello que se sitúe un poco más allá de sus mezquinos y espúreos intereses ideológicos, ejerciendo sobre todo, de brazo ejecutor de los sectores más reaccionarios de la derecha sociológica y del rancio capitalismo patrio.
            Ahora, debido a lo anterior, y creo que por primera vez de forma seria, son cada vez más los que desde la propia derecha, observando la imposibilidad de cambiar a su formación emblemática, apuestan por una alternativa a ella, lo que puede significar, si tal opción se materializa, en la normalización de la derecha española.

11.03.15


lunes, 13 de abril de 2015

Sobre la crisis del Partido Socialista y 2

35.- Sobre la crisis del Partido Socialista y 2

            Según la mayor parte de los analistas, excepto en Andalucía, aunque algunos de ellos también muestren sus dudas, el futuro del PSOE ante los próximas convocatorias electorales es ante todo problemático. Problemático por diferentes motivos, pero esencialmente porque ya no es visto, por parte de la ciudadanía, como un partido atractivo, como un partido dinámico y resolutivo, capaz de enfrentarse, con nuevas ideas y propuestas, a los múltiples problemas a los que se enfrentan España y los españoles, pues por carecer, carece incluso de un discurso creíble y diferenciado. El PSOE en pocos años se ha convertido en un partido viejo, en un partido inadecuado e inservible para su electorado potencial, que se quiera o no sigue siendo de centroizquierda, y que desde hace algunos años se encuentra huérfano, a la espera de que el PSOE vuelva, o a que otra fuerza política, como puede ser Podemos, se haga cargo de sus aspiraciones. Pero según los últimos movimientos acaecidos en su seno, y que han provocado la crisis que en estos  momentos lo mantienen en jaque, parece que el PSOE tiene la intención de regresar.
            La actual crisis hay que enmarcarla en el interés por parte de la dirección del Partido por hacerse cargo del poder en el mismo, aunque ello suponga acabar con la democracia interna y con el escollo que representan las organizaciones territoriales, lo que no quiere decir, ni mucho menos, como al principio pudiera parecer, que la vieja política acaba con la nueva, no, entre otras razones porque tanto en un bando como en el otro se pueden encontrar a destacados miembros del aparato profundo del PSOE. En resumen, lo que ha ocurrido ha sido un episodio más de la lucha por el poder en un partido donde ese poder se encuentra bacante desde hace años.
            La inexistencia de un poder fuerte lo descompone todo, provocando reinos de taifas que se sienten legitimados para oponerse al poder central, en la creencia de que ellos, en un hipotético enfrentamiento, tendrían todas las de ganar. La inexistencia de un poder ilusionante, poseedor de un proyecto claro y factible, provoca “la rebelión de las provincias” como diría Ortega, lo que con el tiempo hace imposible la gobernación. Bien, el PSOE carece desde hace un tiempo de ese liderazgo, ya que Pedro Sánchez, a pesar de haber sido elegido en las primarias, hasta el momento ha sido incapaz de hacerse con el timón del Partido, debido a los múltiples obstáculos que “el aparato”, tanto el interno como el institucional, le ha venido imponiendo para que entendiera que una cosa es ser secretario general y otra muy distinta que fuera él,  quién dirigiera la organización.
            Pero la necesidad hace extraños compañeros de cama, y el problema que representaba Madrid ha provocado una extraña alianza que puede suponer el afianzamiento de Pedro Sánchez en el centro de mando del PSOE. Madrid suponía un problema, pues los candidatos elegidos en primaria, tanto para la Presidencia de la Comunidad Autónoma como para la Alcaldía, ni de lejos se encontraban, como confirmaban todos los estudios demoscópicos, capacitados para afrontar tales retos, al sobrarle a uno derrotas y al faltarle, al otro, peso. En Madrid las candidaturas propuestas y democráticamente elegidas podrían quedar en tercera o en cuarta posición, algo insostenible para un Partido que aspira a la gobernación del país. Lo que está claro es que ni Pedro Sánchez ni su equipo estaban, por debilidad, capacitados para dar un paso como el dado, por lo que han tenido que aliarse con los antiguos dirigentes del PSOE, con la vieja guardia, y con los medios afines a ésta, como el diario EL País, por lo que si la jugada sale bien, le puede convertir en su hombre de confianza, en el hombre de Rubalcaba, de González, de Bono, etc.., y en el hombre del grupo PRISA.
            La lección de lo acontecido es evidente, que cuando no hay patrón mandan los marineros, pero que así es imposible manejar una nave con un destino o un recorrido definido, y menos aún un partido político que se no conforme con no llegar al poder. El golpe de mano de Sánchez, apoyado por los pesos pesados del Partido, en el caso que de que no se produzca una rebelión, va a suponer una revitalización del PSOE, sobre todo si es capaz de imponer un candidato de  prestigio contrastado para la Comunidad Autónoma, que pueda competir de igual a igual con los que presenten las demás fuerzas políticas.
            El problema es que se opta por un tipo de partido piramidal, en donde la organización, la estructura, los cuadros y la misma militancia sólo tienen una función, la de subordinarse a los dictados que el Comité Central decrete, a un “centralismo democrático” que lo controle absolutamente todo, dejando en la cuneta otros modelos más horizontales, más democráticos, que con desfachatez son tildados de inviables.
            No me cabe duda que la jugada política va a resultar rentable, rentable electoralmente, y que a partir de ahora, en lugar de mantenerse estancado, ya no podía bajar más, los socialistas asistirán a un aumento de sus expectativas de voto, pero también queda claro, que la mayoría de los problemas que tenían se mantendrán aparcados hasta una nueva crisis. Creo que una organización abierta y más democrática es compatible un fuerte liderazgo, pues sólo desde una organización de estas características se podrá llevar a cabo la reestructuración y refundación de la organización, en donde un nuevo programa político más acorde a los tiempos que vivimos, de corte eminentemente socialdemócrata, ilumine el devenir de esa formación política. Es posible, y quiero ser optimista, que este será el primer paso, el imprescindible paso tendente a entronizar a un nuevo líder, pero también hay que tener en cuenta que un liderazgo absoluto puede convertir al Partido Socialista sólo en una maquinaria electoral, sólo con pretensiones de poder,  sin respuestas, sin debates en sus filas, sin militancia, y lo que es peor, sin presencia social, un partido sólo institucional que carecerá de valor añadido para la sociedad para la que dice trabajar. Desde la diferencia, estoy convencido que un partido socialista fuerte, hoy por hoy es esencial, para afrontar los profundos cambios que esta sociedad necesita.


13.02.15

viernes, 20 de marzo de 2015

Sobre la crisis del Partido Socialista

34.- Sobre la crisis del Partido Socialista, 1

            De forma inesperada, ayer, por una decisión de la dirección del PSOE, en la que se suspendía y se sustituía a la cúpula de los socialistas madrileños, ha podido estallar, a sólo cien días de las elecciones autonómicas y municipales, la esperada por inevitable para algunos, guerra civil en las filas socialistas. La situación del PSOE es difícil, ya que carece de liderazgo y de discurso político creíble, por lo que no parece que en estos momentos se posicione como una amenaza seria para la derecha en el poder, al tiempo que una nueva organización, “Podemos”, le corroe el terreno por la izquierda, lo que le ha supuesto en la última encuesta del CIS, algo inaudito y preocupante, pasar a ocupar el tercer puesto en la intención de voto para las  próximas, e inminentes, convocatorias electorales.
            Se  tenga simpatía o no por el PSOE, hay que reconocer que aún es hoy, a pesar de la profunda crisis que padece, la organización central de la izquierda española, por lo que sus problemas afectan, aunque a veces no se quiera reconocer, al conjunto de esa izquierda.  Desde que el Partido Popular le ganara las elecciones, por mayoría absoluta, los socialistas no han logrado levantar cabeza, y no lo han hecho porque no han sido capaces de reconstituirse como partido, posiblemente por carecer en sus filas de suficientes elementos regeneradores con fuerza suficiente como poner punto final a una época, y comenzar otra.
            Toda renovación surge de la lucha, a veces fratricida, entre lo nuevo y lo viejo, entre las fuerzas que aspiran a articular nuevos escenarios para alcanzar nuevas metas, y de las  que se resisten al cambio, por lo que para que se produzcan transformaciones reales, en cualquier ámbito, es fundamental la implantación de una nueva hegemonía, hecho que no se ha producido en el PSOE, con seguridad por la fuerza del “aparato”, por el poder de los que instalados en él, han querido dirigir las transformaciones que creían oportuno, casi todas cosméticas, para que en el fondo nada cambiase. El PSOE siempre ha sido un partido de liderazgos fuertes, en donde el férreo aparato organizativo, siempre dócil y sumiso hacia los dirigentes e implacable con la disidencia, en todo momento se ha encargado de ahogar a la militancia, de suerte que ésta sólo era un elemento necesario de cara a la galería, que en todo momento se caracterizaba por aceptar acríticamente lo que se decidía en los pequeños y oscuros cenáculos desde donde todo se dirigía. En el fondo éste es el problema del PSOE, un partido que necesita legitimarse socialmente presentándose como una organización que se asienta en las necesidades y en las preocupaciones de la ciudadanía, pero que no cuenta con la fuerza necesaria para ello, al encontrarse a merced de  unos cuadros que sólo miran por sus intereses, que no son otros que los de permanecer  a los órganos directivos de partido, que para colmo están convencidos, que sólo ellos, por su sapiencia, están en condiciones de presentar las recetas que la sociedad necesita. Ante esta realidad que siempre se trata de ocultar, el PSOE se presenta ante la opinión pública como un partido abierto y democrático, en donde sus candidatos son elegidos en primarias, lo que siempre se publicita como un avance democrático. Pero de lo que no se habla, es de las dificultades que encuentran los ganadores de esas primarias, sobre todo cuando no son los postulados por la dirección del partido, para hacerse con la dirección real del mismo, como hace unos años le ocurrió a Borrell y ahora le está sucediendo a Pedro Sánchez, que ante las presiones ante las que se vio y las que se ve sometido, no tuvieron más remedio que tirar la toalla, o pactar, creo que vergonzosamente, como parece que ha ocurrido en esta ocasión. Parece que en el PSOE las primarias están bien siempre y cuando las gane el candidato oficial, aquél que bajo su mensaje obligado de renovación deje otro implícito, el de que va a respetar el statu quo existente, siendo Susana Díaz el ejemplo más paradigmático. Susana Díaz llegó al poder de la agrupación más importante de los socialistas de la mano de los grandes pesos pesados del Partido, en un momento difícil, prometiendo sacar al PSOE del marasmo, la confusión, la vergüenza y las críticas que estaba padeciendo, desde todos los ángulos, por tantos y tantos casos de corrupción, mostrándose, y siendo presentada, como la gran esperanza blanca del socialismo español. Pero desde su llegada a la presidencia del gobierno andaluz, y posteriormente a la secretaría general de su propio partido, no ha hecho nada, absolutamente nada, tal como se esperaba de ella, para esclarecer y aportar la luz necesaria para clarificar los casos de corrupción existentes, para  identificar a los que ha utilizado en provecho propio, o en provecho del Partido, el dinero de todos. No ha hecho nada, salvo “menear la perdiz”, haciéndole un gran favor a los que confiaron en ella, lo que ha convertido a la socialista sevillana en la gran defensora de la estructura y del “aparato” profundo del Partido, la política que pese a su juventud, mejor encarna el viejo estilo de hacer política de los socialistas, y precisamente por ello, el político, o la política, que más futuro posee dentro del PSOE a nivel nacional.
            Por todo lo anterior, la crisis del PSOE, la guerra civil que se ha podido iniciar en sus filas, en la que entran en juego diferentes variables de envergadura, es de más calado de lo que en principio se podría pensar, y en la que está en juego el futuro del propio partido.

13.02.15


viernes, 13 de marzo de 2015

Sobre la consulta catalana

33.- Sobre la consulta catalana

            Cuando comenzó la actual legislatura comenté en estas mismas páginas, que la cuestión más escabrosa a la que el estrenado gabinete tendría que enfrentarse sería el denominado “problema catalán”. Con la crisis económica y los múltiples casos de corrupción, el envite nacionalista, con seguridad, ha sido la cuestión que más páginas ha ocupado en los diferentes medios de comunicación, pareciendo en muchas ocasiones, que la cuestión resultaría insoluble, a lo que ayudaba, y mucho, la actitud del propio Presidente Rajoy, que en lugar de salir a la escena política a defender sus tesis, ha preferido, como en otras muchas ocasiones, mantenerse en un segundo plano viendo, observando el desarrollo de los acontecimientos. Esta es  la táctica habitual del jefe del gabinete, la de no actuar, con la intención de que los problemas que se le vayan presentando se desinflen o pierdan fuelle por sí solos, táctica que en esta ocasión, curiosamente, parece que en un principio le ha dado resultado.
            El pasado domingo, nueve de noviembre, se celebró la esperada, y temida por algunos, consulta electoral. Una consulta extraña, pues la que en un principio se pensaba realizar fue ilegalizada, y que fue controlada desde principio a fin por las fuerzas nacionalistas, cuyos portavoces han afirmado que ha representado un auténtico espaldarazo para sus propuestas. Los diferentes informativos televisivos mostraron esa misma noche, y en los días sucesivos, los rostros sonrientes de los líderes independentistas, mientras que la mayoría de los analistas, diré que progresistas, no se cansaban de avalar esa opinión, lo que dejaba la sensación de que la victoria de los postulados independentistas había sido arrolladora y que nos encontrábamos a un paso, a un solo paso de la secesión de Cataluña del Estado español.
            Tengo que reconocer que me encontraba asombrado, perplejo, ya que no comprendía bien la relación existente entre esa alegría que observaba en los rostros y en las declaraciones de los políticos nacionalistas, entre los análisis que leía o que escuchaba, y los datos oficiales, datos oficiales que difundían con gran algarabía las propias formaciones que habían organizado y verificado la consulta. La verdad es que no comprendía nada. Esos datos objetivamente comunicaban, que sólo había votado un tercio (1/3) del censo electoral que se había elaborado para tal ocasión, en el que curiosamente, para colmo, la edad para poder votar se había rebajado a los dieciséis años. Evidentemente el porcentaje de electores que decidieron ir a votar lo hizo de forma mayoritaria por los postulados nacionalistas, lo que a su vez quiere decir que los partidarios de que Cataluña se convierta en un Estado independiente no perdieron la oportunidad de votar con entusiasmo y masivamente. Por ello no comprendían por qué se reían, si por saber que habían ganado la consulta, algo obvio que pasaría para cualquier persona mínimamente interesada por el tema, o  por el hecho de que sólo uno de cada tres catalanes se había molestado en ir a votar. Tampoco comprendía, y sigo sin comprenderlo, que en los análisis que se realizaban, por analistas de prestigio, no subrayaban el hecho para mí esencial, que dos de cada tres catalanes habían preferido, a pesar del todo el andamiaje publicitario desplegado durante demasiado tiempo, darle la espalda al proceso soberanista propiciado por las fuerzas nacionalistas.
            A pesar de las apariencias, al menos esa es mi opinión, el resultado de la consulta ha representado un rotundo fracaso para los nacionalistas, pues ha dejado en evidencia el porcentaje real de población que apoyan sus postulados, que ni de lejos se ha acercado a ese cincuenta por ciento del que tanto se ha hablado, y eso que la opción contraria, la de mantenerse unida de una forma o de otra al Estado español, apenas ha contado con actores potentes que la apoyaran y que la publicitaran. Demasiadas alforjas para tal corto viaje.
            También escribí hace algún tiempo, creo que después de la primera Diada multitudinaria que se celebró en Barcelona, que era partidario que se celebrara el referéndum con objeto de saber el apoyo real con el que contaban las tesis secesionistas, pues con datos sobre la mesa, con datos fidedignos, siempre es más fácil buscar y encontrar soluciones.
            Ahora parece que todo está más claro al tiempo que más complicado para los que se han embarcado en la opción soberanista, pues ya no pueden seguir ocultándose en unos datos que nadie conocía, o lo que es lo mismo, ya no pueden seguir jugando y especulando con lo que ellos, hasta el momento, denominaban “el sentir mayoritario de la ciudadanía”. Lo curioso del tema, y este hecho también es conveniente subrayarlo, es que la clase política catalana es eminentemente nacionalista, como si no ser nacionalista en Cataluña invalidara a alguien para ejercer la policía en cualquiera de los partidos mayoritarios, y llama la atención, porque a pesar de que los nacionalistas han colonizado las instituciones, los medios de comunicación públicos, el mundo de la  cultura y el sistema educativo, no han podido, y esto sí es de nota, convencer al grueso de la población catalana sobre la bondad de sus propuestas, como a la hora de la verdad se ha demostrado.

13.11.14


lunes, 9 de marzo de 2015

Más sobre la corrupción, y 2

32.- Más sobre la corrupción, y 2

            Me llama la atención que “Podemos” hable de que cuando llegue al poder todos los corruptos caerán, lo que se  ha convertido hasta cierto punto en su lema publicitario, posiblemente porque sepa que la corrupción, o el hartazgo de corrupción que padece la población, que un día sí y otro también tiene que soportar nuevas entregas de este serial interminable, todas vergonzosas, de representantes que se han beneficiado de la situación en la que se encontraban, le puede aportar importantes réditos electorales.
            “Podemos” amenaza, pero de forma independiente a esa amenaza que deja sobre la mesa, no dice nada, o al menos yo no les he oído decir nada, sobre lo que va a hacer para limpiar, pero sobre todo para mantener limpia, en la medida de lo posible, la vida pública del país.
            “Podemos”, por el mero hecho de ser una formación que no está contaminada por su estancia en las instituciones, algo de lo que presume, puede presentarse ante la opinión pública como lo nuevo que se espera y se desea, como la fuerza política que barrerá la corrupción. No creo que a estas alturas nadie pueda negar los efectos regeneradores que ha provocado la irrupción de “Podemos”, organización que desde un principio supo aglutinar para sí el descontento que mostraba un sector mayoritario de la ciudadanía, que se fija más en sus postulados de limpieza democrática, en sus críticas contra la vieja política, que en sus restantes postulados ideológicos, postulados que ahora, calibrando las posibilidades reales con las que se ha encontrado, trata de limar con la intención de convertirse en lo que ellos denominan una formación transversal, lo que no es más que un eufemismo para dejar constancia que su lugar es el centro político, precisamente el lugar desde donde tradicionalmente se ganan las elecciones. Es evidente que “Podemos” puede hacer lo que desee, siempre y cuando deje las cosas claras desde un principio, aunque ciertamente a algunos nos gustaría que siguiera siendo una fuerza eminentemente de izquierdas. Pero parece que sus dirigentes saben lo que tienen que hacer, que no es otra cosa que posicionarse en el lugar en el que se encuentran sus votantes potenciales, que casi todos, no lo olvidemos, carecen de una politización excesiva, por lo que la estrategia que está siguiendo le puede  proporcionar interesantes resultados. Pero este no es el momento de hablar de la vertiente populista de “Podemos”, sólo señalar que populista es el que, en lugar de decirle a sus electores lo que tiene que decirle, dependiendo y siendo coherente con la concepción ideológica que se posea, se limita sólo a acomodarse en lo que dichos electores desean oír.
            La cuestión en estos delicados momentos radica en desmantelar todos los entramados de corrupción existentes, como aspira “Podemos”, tanto como en crear los mecanismos necesarios para evitar que sigan produciéndose. Está claro que los partidos mayoritarios, que no son solamente dos, tratarán por todos los medios a su alcance detener en falso la cascada de acontecimientos que amenaza incluso a su supervivencia, e impedir que un ejército de auditores judiciales entren a saco en sus cuentas como en la de las instituciones públicas que han gestionado durante estos largos años. Lo intentarán con todas sus fuerzas, al tiempo que tratarán de favorecer una especie de amnistía, a partir de la cual se pueda volver a comenzar con el cuentakilómetros a cero. Sin duda esta sería la mejor solución, la mejor solución para la clase política actual, que sólo se podría aceptar por parte de la ciudadanía si esa medida fuera acompañada de otras, que tendrían que pasar necesariamente por un nuevo periodo constituyente que pusiera término al periodo abierto por la Transición. Esto significaría nuevas  leyes y nuevos políticos, ya que los ahora amortizados no tendrían más remedio que abandonar sus funciones al ser productos de un periodo finiquitado. Es posible, aunque duela decirlo, que este país no pueda permitirse un ajuste de cuentas como el que ahora se puede producir, es posible, pero para evitarlo es necesario que se implemente una nueva concepción de lo público, en donde la desconfianza sea el eje central.
            Sí, porque habrá que partir, y la realidad lo ha demostrado, no ya de la buena voluntad de los servidores públicos, sino desde el hecho de que pueden corromperse, para lo cual es fundamental instrumentos de control, eficaces, que eviten en la medida de lo posible esa tentación. Todo servidor público debe saber que se encontrará constantemente vigilado, auditado, ya que su función es la velar por el bien común, por el interés de todos y no la de encontrar beneficios individuales y espúreos, como hasta ahora ha venido ocurriendo con demasiada frecuencia en las actividades que desempeñan. Las denominadas repúblicas bananeras, y España durante un tiempo, en ciertos aspectos, ha sido una de ellas, se caracterizan fundamentalmente por la autonomía de sus dirigentes con respecto a la población que dicen representar, al hecho de creerse independientes e inmunes y autorizados a no tener que dar cuentas a nadie, o como en el caso de este país, sólo a organismos e instituciones a las que se podrían llamar “amigas”.


11.11.14

domingo, 14 de diciembre de 2014

Más sobre la corrupción, 1


31.- Más sobre la corrupción, 1

            Ayer estalló el enésimo escándalo de corrupción, al tiempo que la Infanta Cristina, la hija del anterior monarca y hermana del actual, definitivamente fue imputada de forma benévola tan sólo por evasión fiscal. El Presidente de la Comunidad Autónoma de Extremadura, José Antonio Monago, que hasta hace sólo unos días había venido ejerciendo de “Pepito Grillo” dentro de su propia formación, postulándose siempre como el abanderado de la lucha contra la corrupción, fue acusado, según él por miembros de su propio partido en una rueda de prensa lamentable, de haber realizado treinta y tantos viajes a Canarias a cargo de los presupuestos del Senado, con objeto de poder visitar a la que durante un tiempo fue su novia.
            Otra noticia demoledora, que unida a otras y a otras, está dejando por los suelos la credibilidad de la clase política de este país, y por extensión al sistema democrático que surgió de la Transición y que tan buena prensa había tenido hasta hace apenas un año, y al que hoy se le atribuyen el origen de todos, o de casi todos los males que padecemos.
            La desafección que se está produciendo hacia la política, que está obligando a muchos a pensar que todos los políticos son corruptos, o potencialmente corruptos, está provocando el surgimiento y el asentamiento de una nueva formación política, “Podemos”, que desde posiciones hasta cierto punto populistas, afirma, entre otras cuestiones, que cuando lleguen al poder conseguirán acabar en poco tiempo con la corrupción. Según los últimos sondeos demoscópicos, la formación que lidera Pablo Iglesias, que en poco tiempo se ha  convertido en la estrella rutilante del firmamento político del país, a pesar de  que aún no tiene estructuras consolidadas, ocupa ya la primera posición en intención de voto directo, por encima de los dos partidos que hasta la fecha habían mantenido colonizado el poder institucional, lo que deja claro la preocupación que han provocado  los innumerables casos de corrupción de los que hemos tenido noticias. “Podemos” parece que sólo tiene que esperar sin hacer nada, mientras que todo lo demás se derrumba a su alrededor.
            ¿Pero qué es lo que ha pasado? Lo que ha pasado sencillamente que se ha acabado la veda, que la crisis económica que tantos problemas está causando en la población, ha dejado al descubierto dos líneas transversales que han conseguido dejarlo todo patas arriba, la instrumentalización de la política por parte de la economía, y la libertad en la que se ha desenvuelto la clase política para hacer lo que le venía en ganas, lo que se reduce a la falta de control real que ha existido por parte de  la ciudadanía sobre los políticos, que hasta el momento se habían creído que vivían en un mundo aparte, opaco e impermeable, apoyado por unos medios de comunicación afines, que dándole la espalda a la ciudadanía, sólo contaban, en lugar de lo que tenían que contar, el relato que emanaba, o que les dictaban los diferentes gabinetes de prensa de los respectivos partidos políticos.
            En poco tiempo todo ha cambiado, y lo que aún no ha cambiado necesariamente tendrá que cambiar. Los políticos se encuentran acosados, y una nueva generación, que no vivieron en primera línea la Transición política, o que ni tan siquiera la vivieron, está comenzando a tomar, a veces por asalto, la jefatura de las anquilosadas maquinarias de los partidos políticos tradicionales, al tiempo que están naciendo nuevas formaciones que tratan de tomar distancias con la forma de  hacer política que hasta la fecha se había llevado a cabo. Lo viejo hoy parece más viejo que nunca y se exige sangre nueva, gente nueva que se haga cargo del timón de la nave, de una nave, que como se ha comprobado, hace aguas por todas partes. Paralelamente a lo anterior, los medios de comunicación tradicionales, en plena crisis económica que amenaza su propia supervivencia, se encuentran desbordados por los nuevos medios, casi todos digitales, que han posibilitado un nuevo dinamismo con respecto a la información, una forma diferente de entender la comunicación, encontrando y creando nuevos lectores y seguidores. Ya a nadie le interesa la prensa complaciente, la prensa de partido, la que claramente se posicionaba tragando ruedas de molinos en apoyo de los suyos. La veda se ha acabado y todo se encuentra al cabo de la calle.
            En contra de lo que algunos nos quieren hacer entender, lo que está ocurriendo no amenaza al sistema, no, lo que amenazaba al sistema democrático era precisamente lo que estaba ocurriendo, ya que la transparencia es uno de los requisitos fundamentales sobre el que el propio sistema, para que sea sano, tiene que asentarse. Una extraña ley del silencio, ahora se sabe, lo envolvía todo, creándose un enorme margen de impunidad que fue aprovechado por todo el que pudo, ocultándose a la ciudadanía lo que realmente estaba acaeciendo, por lo que tampoco se puede decir eso tan socorrido de “que mientras las cosas iban bien nadie se quejaba”, pues lo cierto, es que los que tenían la obligación de controlar, o de intentar controlar lo que ocurría, y en este saco también hay que meter a la prensa, o callaban por intereses espúreos, o sencillamente porque no se atrevían.
            Una forma de hacer política o de entender la política ha dejado de existir, de suerte que los que aún se empeñan en mantenerla saben que tienen los días contados, lo que no quiere decir, ni mucho menos, que nos encontremos al borde del precipicio, pues dónde realmente nos hallamos es  al principio de la normalidad.


08.11.14