37.-Sobre la
situación de la derecha y 2
Desde el ya lejano
desmoronamiento de la UCD, la derecha política, tanto en la oposición como en
el poder, siempre se ha mostrado, a diferencia de la izquierda, de forma
monolítica ante la ciudadanía, dando la sensación de poseer una fortaleza y una
poderosa unidad interna bajo el férreo control de incuestionables liderazgos,
que conseguían difuminar e incluso casi hacer desaparecer, al menos de cara al
exterior, las indudables diferencias existentes en su seno. La derecha siempre
era una, mientras que la izquierda eran varias, lo que en un sistema electoral
como el español le proporcionaba importantes réditos, ya que el voto del
elector de derechas nunca se perdía por los sumideros de los repartos
proporcionales a la hora de contabilizar los sufragios. Esa férrea unidad, a la
que sin duda han contribuido sus medios afines, los cuales, al menos hasta
ahora han apostado por una derecha fuerte y unida bajo esos fuertes liderazgos,
que siempre ha sido uno de sus rasgos característicos, liderazgos posiblemente
necesarios dada la tendencia existente dentro de sus filas a “las baronías” y
al caudillismo. Hasta el momento la fragmentación de la derecha se ha podido
evitar gracias a la existencia de un poderoso poder central, desde el que se
distribuía el reparto de las prebendas hacia la periferia, lo que a su vez
justificaba la existencia de ese mismo poder central.
Pero
en lo ideológico la derecha ha sufrido importantes transformaciones, mucho más
radicales que la padecidas por izquierda, que hasta cierto punto se ha quedado
anquilosada, aunque en España esas transformaciones en buena parte se han visto
amortiguadas por el excesivo peso del conservadurismo político que siempre ha
sido el sector hegemónico, el cual ha impedido, al menos hasta la fecha, que
las nuevas tendencias florecieran libremente en su seno. La derecha
conservadora juega con el neoliberalismo como si este se tratara de un juguete
nuevo que se ha encontrado al pie de la cama un día al despertar, mientras que
la nueva derecha es neoliberal, lo que le ha obligado a vivir fuera del
asfixiante ambiente del Partido Popular, en las cátedras universitarias o en la
vida profesional, sin atreverse, porque no le era necesario, a rivalizar
políticamente con los tradicionales portadores de los estandartes de la
derecha.
Pero
ahora, curiosamente, cuando menos se esperaba, alrededor de un pequeño partido periférico, que creo que
aún no ha comprendido lo que se ha encontrado, los votantes descontentos con
las políticas llevadas a cabo por los que hasta ahora habían sido los suyos, en
lugar de optar por la abstención, parece que se van a ver obligados a dar un
golpe sobre la mesa para decir “que otra derecha es posible”, y esa derecha
puede que sea “Ciudadanos”.
Lo que con el tiempo he podido
aprender, es que la necesidad es lo que marca los tiempos políticos, al igual
que casi en todo, y que del mismo modo que el 15M no parió de forma inmediata a
su movimiento político, sino varios años después, lo mismo puede ocurrir en la
derecha, que aunque quiera, no está exenta de los contagios que le provoca su
contacto con la realidad. Hace algunos años, fracasó de forma estrepitosa una
operación que aspiraba a crear una nueva vía dentro de la derecha, la
denominada “Operación Roca” bajo el recién creado Partido Reformista. Muchos,
aunque evidentemente no la apoyamos, creíamos necesario esa opción, gracias a
la cual se pudiera diferenciar claramente la derecha de siempre, la derecha
conservadora, intervencionista y
clerical, y la nueva derecha, aquella que además de creer ciegamente en las
virtudes del mercado, era también liberal en las costumbres y en la forma de
entender la política. Ese proyecto, a pesar de los grandes fondos invertidos en
él, fue uno de los naufragios más estrepitosos que se recuerden en la política
nacional, y fracasó no porque no fuera necesario, sino porque no era su
momento. Ahora, sin embargo, de forma diferente
con lo ocurrido en la “Operación Roca”, parece que ese proyecto, que siempre ha
permanecido solapado a la espera de tiempos mejores, va a emerger de forma
natural, al agarrarse la legión de electores descontentos de la derecha a un
pequeño partido que lo único que ha hecho ha sido estar ahí, con unos discursos
que pueden resultar aceptables.
Sí,
hay que decirlo claramente, “Ciudadanos” es el “Podemos” de la derecha, la
formación política que casi desde la nada, aunque bien dirigida, puede dinamitar
a una derecha política que hasta la fecha se ha mostrado monolítica. También
hay que decir, para que nadie se lleve a engaño, que “Ciudadanos” es un partido
de derechas, de derecha-derecha, posiblemente mucho más radical en lo económico
que el Partido Popular, aunque mucho más avanzado en las restantes cuestiones
sociales. Un Partido sin excesivos lastres que si cuaja a nivel nacional, puede
hacer que la derecha tradicional de este país, la que tanto nos avergüenza, la
derecha de toda la vida, en pocos años se convierta en una formación residual.
Lo curioso del tema, es que el Partido Popular, siempre tan lento en todo, aún
no creo que haya calibrado el peligro que para ellos puede representar el
también fenómeno “Ciudadanos”.
No
obstante, si ocurre lo que puede ocurrir, con la división del voto de la
derecha en dos grandes bloques, como ocurre en toda Europa, se conseguiría la
normalización electoral de ese sector de la sociedad, pues no es lógico, que
actitudes y visiones tan opuestas sigan conviviendo bajo esas mismas siglas.
11.03.15

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