viernes, 24 de octubre de 2014

Sobre los resultados de las elecciones europeas

26.- Sobre los resultados de las  elecciones europeas, 1

            Ayer, después de conocerse los resultados de “las europeas”, y de haber manifestado mi satisfacción por los mismos, alguien me comunicó lo que había votado, que no fue a ninguna opción precisamente mayoritaria, dejándome dicho a continuación que no le había dado su voto a “Podemos” porque no le convencía ese “bla,bla,bla” demagógico y populista que tantos sufragios le había permitido cosechar. Después de decirle que su voto fue más ponderado que el mío, le comenté que mi apoyo a esa formación ante todo fue táctico, entre otras razones porque los discursos que desarrollan y que tanto furor han ocasionado ni de lejos son los míos, pero que aún así creía necesario que emergieran con fuerzas, con todo lo que representan, al escenario institucional. Sí, porque la irrupción de “Podemos” puede significar, como ya parece que se está observando, un intento por remover las aguas, desde hace tiempo estancadas, de la izquierda de este país. De la nada, sin estructuras y sin apoyos económicos, ha conseguido sólo un escaño menos en Estrasburgo que Izquierda Unida, desbancando a esa formación de su consolidado y confortable tercer puesto en municipios tan importantes para la antigua coalición como Sevilla, hecho que si fuera dirigente de Izquierda Unida, me tendría muy preocupado.
            Pero además de la irrupción de “Podemos”, que posteriormente no tendré más remedio que volver a tratar, los resultados de estas elecciones siempre tenidas como secundarias, o mejor dicho sin valor real para lo que realmente importa, es decir para la gobernación del país, deja varios apuntes de importantes, como es la solidez del partido mayoritario de la derecha de este bendito país, pues el Partido Popular, a pesar de su desgaste por la acción de gobierno, aunque aquí habría que subrayar que lo que en verdad desgasta es arrastrarse en la oposición, y de los casos de corrupción que durante años ha anegado su deambular, ha vuelto a ganar las elecciones. Sí, ha vuelto a ganar las elecciones, con un candidato desde el primer momento tocado, y sin, al parecer, tener que realizar muchos esfuerzos ello, perdiendo votos sólo por la abstención de parte de su electorado, de un electorado que volverá a tensionarse y a votar en masa por sus candidaturas cuando las circunstancias lo requieran. De hecho, no ha tenido fortuna el partido que le surgió por la derecha, “Vox”, lo que significa que las diferencias que sin duda existen dentro del Partido Popular y en su ámbito de influencia, son más de cara a la galería que una contestación real que pueda minar su implantación institucional. La derecha una vez más ha dejado constancia de saber lo que hace, pero sobre todo de lo que quiere.
            Uno de los problemas de la izquierda es que se pasa demasiado tiempo mirándose el ombligo, por lo que apenas se da cuenta de lo que ocurre a su alrededor, ya que algo tan evidente como que la propia izquierda ha vuelto a perder las elecciones ha pasado desapercibido por la aparición del fenómeno “Podemos”, lo que en principio debería de llamar la atención, al menos para los que creemos que gobernar es algo, una tarea, que no sólo está al alcance de la derecha, y que la izquierda tiene que esforzarse, que obligarse, con todo lo que ello implica, por coger las riendas de la gobernación del país, teniendo presente, que el hecho de estar en la oposición es ante todo un fracaso, no un castigo bíblico, ni el lugar que históricamente le corresponde. Parece evidente entonces, que la izquierda, no sólo puede aspirar a ejercer de “Pepito Grillo” desde la oposición, sin mancharse de barro, o de mierda hasta las rodillas, por lo que la ambición por gobernar debe situarse entre las prioridades de cualquier organización de izquierdas, lo que al parecer hasta hace bien poco sólo estaba en la agenda del “PSOE”, aunque también hay que decir que todo no vale con tal de gobernar, pues hay que gobernar, sí, pero por algo y para algo, que es lo que ha hecho perder el rumbo a la socialdemocracia, y no sólo a la de este país, que en un momento creyó que su finalidad era sólo la de gobernar por gobernar.
            Lo que nos dicen los resultados de estas elecciones, es que la izquierda, por su división, se encuentra incapacitada para gobernar, entre otras razones, porque el partido central de la misma, desde hace tiempo se encuentra perdido, sin discursos y sin saber hacia dónde tiene que encaminarse. El “PSOE”, necesita reinventarse, reconstruirse para volver a ser el referente de la izquierda, ya que su debilidad es la causante de la disgregación del voto de la propia izquierda, a lo que hay que sumar, y es mucho sumar, la escasa inteligencia política de “IU”, que instalada en su satisfacción, ha dejado que parte de su electorado natural se incline hacia posiciones claramente más izquierdistas que se encuentran sólo a un peligroso paso del populismo, como ocurre con “Podemos”. Dije un poco más arriba, que había votado a “Podemos” con la intención, o con la esperanza de que sirviera, mi voto y el de otros muchos, para zarandear a la izquierda “instalada”, cosa que parece que está comenzando a ocurrir, prueba de ello es el silencio, cada día que pasa más clamoroso, de  Izquierda Unida, pero sobre todo los primeros movimientos que se están produciendo en las filas socialistas, ya que se ha convocado un congreso para el próximo mes de julio, en el cual, afortunadamente su actual grupo dirigente, que desde hace  tiempo se encuentran completamente amortizado, han prometido que dejaran el testigo.


28.05.14

viernes, 27 de junio de 2014

Sobre la ideología dominante en los antiguos países del Este

25.- Sobre la ideología dominante en los antiguos países del Este.

            Hace unos días, de nuevo, en una conversación con unos amigos, volvió a surgir el tema de la orientación ideológica existente en los países del Este, comprendiendo, todos los que entramos en la polémica, la actitud de esos ciudadanos, que cansados del comunismo, de las dictaduras que habían padecido ellos o sus padres, se inclinaran ahora hacia posiciones marcadamente derechistas.
            Todos los países que pertenecieron hasta hace sólo unos años al antiguo bloque soviético, incluyendo por supuesto a la propia Rusia, disfrutan en estos momentos de sistemas más o menos democráticos, sistemas que han posibilitado la subida al poder de gobiernos partidarios de llevar a cabo políticas marcadamente neoliberales, en donde la desregularización y la libertad de mercado, de todos los mercados, en la actualidad es un hecho. Llama la atención que ninguno de ellos, a pesar de la teórica cultura media de sus habitantes, y estoy hablando de países de la talla de Polonia, Chequia, Hungría, etc., hayan optado por gobiernos que propicien al menos, aunque de forma tibia, políticas con un perfil socialdemócrata.
            Puedo comprender lo que la mayor parte de esas poblaciones sienten hacia Rusia y hacia el comunismo, pero no puedo entender, como si en realidad vivieran en sociedades idílicas, la forma que tienen de volverle la espalda a todo, y digo a todo, lo que huela a lo que tradicionalmente se entiende como izquierda. Hace unos días, charlando con una ciudadana polaca asentada desde hace poco en nuestro país, después de recomendarle una extraña novela escrita por un francés, y que trataba de Rusia, de la vida en Rusia después de la caída del régimen soviético hasta nuestros días, me sorprendió diciéndome, ella que es una persona apasionada por la cultura rusa, que no le interesaban los franceses que se dedicaban a opinar sobre Rusia, pues la mayoría de los intelectuales del Hexágono, en su día, de una forma o de otra, apoyaron al régimen soviético, lo que convertían sus opiniones en demasiado parciales. Me quedé con la boca abierta y no me atreví a decir nada, pues lo anterior significaba, que sólo le interesaban los testimonios de los que en su momento se dedicaron a criticar la dictadura que tuvieron que padecer y que le vino impuesta  por el gigante del Este.
            En estos países todo lo que sepa a izquierda, es decir a justicia social, a todo lo que en general llamamos redistribución de la riqueza, sabe a pasado, a comunismo y a Unión Soviética, a un periodo histórico que odian y que afortunadamente ya han podido dejar atrás, pero esa actitud ante su historia reciente, que muchos consideran lógica, les ha obligado a encajar más goles de los necesarios, pues las superegularizadas y asfixiantes sociedades en las que vivían han sufrido una transformación tan radical, que sólo quedan en ellas los valores del capitalismo hegemónico, ese que dice que “cada cual tiene que salvarse a sí mismo”, el que con otras palabras aboga por “la ley de la selva” o sencillamente por la del más fuerte.
            Estoy convencido que la situación en la que quedaron esos países, convirtió a sus sociedades en el campo de cultivo apropiado para el desembarco en ellas de todas las variantes del capitalismo extremo, esas que como hongos, lograron surgir en el preciso momento en que se decretó el final de “la guerra fría”, un final que se saldó con la derrota definitiva y sin paliativos del comunismo realmente existente.
            A diferencias de sus países vecinos, a los que tanto siguen intentando imitar, no han sabido hacer frente, ni tan siquiera de forma modesta a las feroces ofensivas, muchas de de ellas socialmente inasumibles, de la fuerza ideológica vencedora, asumiendo de forma acrítica muchos de los postulados que ni siquiera los países de los que provenían, y desde los que se postulaban, fueron capaces de implementar en carne propia, de suerte que aquellos países, pronto se convirtieron en laboratorios en donde se aplicaron las ideas y las políticas neoliberales, sin que éstas encontraran ningún tipo de resistencia por parte de la ciudadanía, que aceptaron sin rechistar, como si fuera “agua de mayo”, todo lo que provenía de Occidente.
            Cuando le dije el otro día a mis amigos que no comprendía a los habitantes de esos países, no le quise decir que desconociera su triste travesía histórica, sólo que me sorprendía que los valores que siempre han identificado a la izquierda tengan tan poco predicamento en esas sociedades, al tiempo que me llamaba la atención, que políticamente no apuesten, consecuencia de lo anterior, por formaciones políticas que aspiren a crear o a consolidar estructuras sociales solidarias, protectoras, en lugar de aquellas otras formaciones que sólo pretenden des-socializar a sus propias sociedades al afirmar, siguiendo a Margaret Thacher, que para muchos de forma incomprensible sigue siendo su heroína, que la sociedad no existe, que sólo es un mito, al existir sólo los individuos.
            Pero posiblemente aún sea pronto, ya que con el paso del tiempo, cuando comprendan los destrozos que esas políticas adoptadas, y hasta cierto punto impuestas, están provocando en esos países, los valores de la igualdad, coaligados con los de la libertad, ya que sin la igualdad es imposible la libertad, volverán en esas sociedades a ocupar el lugar que les corresponde, de suerte, que se diga lo que se diga, la situación actual no puede ser más que transitoria.


22.04.14

jueves, 15 de mayo de 2014

Sobre las elecciones europeas, y 2

23.- Sobre las elecciones europeas, y 2

            El caso de “Podemos” es diferente, pues a quien realmente puede debilitar, debilitar y acabar con sus elevadas expectativas electorales es a Izquierda Unida, pues aspira a asentarse a la izquierda de la antigua coalición, a la que puede, si las cosas le van bien, asestarle un duro golpe. Se podría decir, que “Podemos”, en terminología extrema, es el brazo político del movimiento 15M, un entramado político que muchos esperaban, esperábamos, que se consolidara  desde hace mucho tiempo. Se podría decir también, que parte de su electorado potencial es un voto joven rescatado de la abstención, un voto joven y activista que no encontraba acomodo en ninguna de las formaciones políticas del arco parlamentario, y que gracias a “Podemos”, podrá hallar su voz y a sus propios representantes.
            Hasta ahora, los votos que se le escapaban al PSOE por la izquierda casi todos iban a parar a Izquierda Unida, que de esta forma se convertía en el recogedor de la frustración que el PSOE iba generando. Resulta sintomático, que en la historia reciente de nuestro relativamente joven sistema democrático, la subida electoral del los socialistas implicaba una importante bajada de los apoyos que recibían los izquierdistas, y viceversa, ya que los mejores resultados para Izquierda Unida siempre se han producido cuando el PSOE padecía una hecatombe electoral. Por tanto, ahora que el electorado, debido a los recortes que el Partido Popular está llevando a cabo, parece que se inclina de nuevo hacia la izquierda, y comprobada la incapacidad de los socialistas para captar el descontento, pues aún no han sabido recuperarse de la debacle electoral que sufrieron, muchos pensaban, pensábamos, que Izquierda Unida sería la gran beneficiada y que aumentaría de forma significativa  el número de votos que conseguiría. Pero mientras que los dirigentes izquierdistas se frotaban las manos, pues sabían que sin hacer apenas nada, casi de rebote, podrían alcanzar el fruto siempre esperado, la aparición sorpresiva de “Podemos”, a quienes no han podido ni asumir ni eclipsar, les ha hecho comprender que las cosas puede que no les vayan como esperaban. Está claro que Izquierda Unida hace tiempo que dejó de ser una formación política ilusionante, de suerte que se podría decir que es un partido político de cuadros, en donde el Partido Comunista, que cada día que pasa posee menos presencia social, ejerce un poder omnímodo, lo que aleja a la antigua coalición de esa nueva savia ciudadana que puede alimentar a “Podemos”. Izquierda Unida, aunque lo ha intentado, no ha sabido hacerse con esa franja emergente del electorado, pero también, y ésta es la gran novedad, puede perder parte de sus apoyos tradicionales, ya que muchos de sus votantes, sin duda hartos de la política profesional, de los políticos profesionales que controlan a la organización, se verán tentados a acercarse, sobre todo cuando comprendan que en unas europeas no arriesgan nada, a los abanderados del antiguo pero no olvidado 15M. Lo de Izquierda Unida, o mejor dicho lo del Partido Comunista es preocupante, ya que parece que se acomoda con satisfacción a la situación en la que vive, no planteándose en ningún momento asomarse a lo que está ocurriendo en la calle, como si la presencia que mantiene en las instituciones le bastara, lo que justificaría, que en esta ocasión, también pueda quedarse “fuera de juego”.
            En este momento, aún, como le ocurre a muchos, no sé que voy a votar, ya que sólo estoy convencido que me acercaré temprano a mi colegio electoral, porque no puedo estar todo el día criticando para después, a la hora de la verdad, lavarme las manos como si no me importara nada de lo que ocurre a mi alrededor. También sé, por la aparición de esos nuevos actores, que la campaña se presentará mucho más animada, pudiendo anticipar que el número de abstenciones será más baja de lo habitual, aunque los medios señalen que los electores que decidan ese día quedarse en casa, lo que sería terrorífico, se situará en torno al sesenta por ciento. La tentación de votar a “Podemos” está ahí, aunque soy consciente que ni los valores ni los discursos que esgrimen sus patrocinadores son los mío, a pesar de que tengo que reconocer que la forma en que se plantean, sin los miedos que siempre han amordazado a la izquierda de este país, me llaman poderosamente la atención.
            Lo curioso de estas elecciones, gracias a su singular sistema electoral de distrito único, es que pueden conseguir, y este hecho creo que es positivo, una fragmentación del mapa electoral, lo que si no un golpe al bipartidismo, eso es difícil, sí puede poner a cada uno en su lugar, en el lugar en que políticamente desearía estar, dejando para otra ocasión eso que tanto se recomienda, en aras de la gobernabilidad del país, y que tanto se instrumentaliza como es el voto útil. Puede servir, también, una vez efectuadas, para calibrar el estado de malestar existente, y cuál es el apoyo real con el que cuentan, más allá de los datos demoscópicos que de forma constante nos abofetean, y que tan “cocinados” siempre aparecen, los partidarios de las políticas de ajustes que tanto se publicitan como necesarias.
            Estas formaciones que aparecen, pueden suponer un problema para los partidos políticos asentados, a los que podrán quitarle electores, pero pueden servir para oxigenar la vida política de este país, pues no creo que resulte higiénico, y existen abundantes pruebas de ello, que casi todo el poder que delega la ciudadanía recaiga sólo en dos o tres formaciones políticas, que como se ha demostrado, debido a los escasos controles existentes, han destrozado la credibilidad no sólo de la clase política, sino de la política misma. Tal como ocurre en otros ámbitos, la diversidad, también en política, puede ser positiva.


06.01.14

sábado, 26 de abril de 2014

Sobre las elecciones europeas,1


22.- Sobre las elecciones europeas, 1

            Las elecciones europeas del próximo mayo, posiblemente por el escaso interés que despiertan en la ciudadanía, a pesar de la importancia real de las mismas, pueden suponer un importante test, no sólo para el gobierno, sino también y sobre todo para la clase política asentada y consolidada de este país. En estas elecciones para el Parlamente Europeo,  y no sólo en España, cada cual vota, los que a pesar de la apatía decidan ir al colegio electoral, a la opción política que más le agrada, dejando a un lado el denominado “voto responsable o útil” que suele acompañarlo en las elecciones de más enjundia, el que se realiza valorando los pros y los contras dependiendo de las circunstancias que en cada momento se presentan. En “las europeas se vota, por tanto, más con el corazón que con la cabeza, lo que en esta ocasión, debido al desencanto generalizado, puede provocar, tanto a la derecha como a la izquierda, más de una sorpresa. En coyunturas normales, estas elecciones suelen pasar desapercibidas, asumiéndose incluso unos altos índices de abstención, ya que importantes sectores de la ciudadanía ni tan siquiera se plantean el esfuerzo físico que requiere ir a votar. Pero esta vez, con la crisis económica golpeando con fuerza, y la impotencia manifiesta que las fuerzas políticas mayoritarias han demostrado para afrontarla, unido a los vergonzosos casos de corrupción que en gran medida gracias a la crisis han salido a relucir, y que afectan a todos los partidos, todo puede ser diferente. Y todo puede resultar diferente, porque han surgido ciertas variables, que pueden dejar sin sentido el castigo que tradicionalmente se ha venido llevando a cabo contra la clase política, el de “pasar” de ellos y no votarles, pues ahora, como elemento innovador, han aparecido en la palestra pública varias candidaturas que además de reivindicar una forma diferente de hacer política, hacen hincapié en la necesidad  de la participación para regenerar la vida política de este país.
            Las dos más importantes que hasta el momento se han presentado, aunque con seguridad aparecerán algunas más, son “Vox”, la formación liderada por Ortega Lara, el funcionario de prisiones secuestrado por ETA hace algunos años, y “Podemos”, cuya cabeza visible es el politólogo Pablo Iglesias, que a ambos extremos del escenario político, sin duda, por el aire nuevo que aportarán, lograrán agitar las empantanadas aguas del mismo.
            Casi todos los analistas estaban convencidos, debido a la situación por la que se atraviesa, que estas elecciones supondrían un duro revés al menos para las dos grandes formaciones del país, una por la gestión que está realizando de la crisis, y la otra, por no haber sabido reconvertirse para presentarse como alternativa creíble ante su potencial electorado, y que los dos grandes beneficiados serían UPyD e IU, pero ahora también existen serias dudas con respecto a esto, pues el descontento existente puede canalizarse hacia otros lares, lo que hasta hace poco parecía imposible.
            Si se consolida “Vox” como proyecto, puede suponer la irrupción de una formación de derecha-derecha, que se posicione en el lugar que en otros tiempos, no tan lejanos, ocupó la extinta Alianza Popular, que puede representar lo que en la actualidad supone Izquierda Unida para el PSOE, hecho que acabaría con una de las singularidades de la derecha española, la de presentarse unida ante el electorado bajo una sola bandera aglutinadora. “Vox”, según parece, aspira a erigirse como el guardián de las esencias de la derecha española, precisamente esgrimiendo los mismos postulados que el Partido Popular repetía de forma incansable hace apenas unos años, cuando se encontraba en la oposición y se dedicaba a demoler todas y cada una de las actuaciones del gobierno de Rodríguez Zapatero, estrategia que tan buenos resultados le aportó.
            Los dirigentes del Partido Popular, organización que después de dos años de gobierno parece que hace aguas por todas partes, tienen que estar preocupados por la aparición de “Vox”, ya que por su derecha le puede surgir un correoso y duro competidor, no para arrebatarle el liderazgo que en estos momentos posee en su franja electoral, pero sí para perder ese diez por ciento que pueden obtener los seguidores de Ortega Lara, porcentaje muy parecido al que elecciones tras elecciones consigue, punto arriba punto abajo, izquierda Unida.”Vox” en este sentido puede ponerle las cosas muy difíciles al Partido Popular, que tendrá, en el supuesto que la nueva formación consiga levantar vuelo, que escorarse obligatoriamente a la derecha si en realidad desea, mediante pactos, mantener sus actuales cuotas de poder. Los postulados ideológicos con los que se presenta “Vox” son muy simples, incluso demasiado arcaicos, pero posiblemente por ello puede conseguir una considerable acogida en el electorado tradicional de la derecha, pues levantar la voz para afirmar  la indivisibilidad de la patria, la necesidad de desmantelar el actual Estado de las Autonomías y el no ceder a las presiones que ejercen los grupos abertxales para que sean liberados los presos políticos etarras que aún quedan en prisión, sigue enervando a un sector, que si no mayoritario, si es significativo en ese importante segmento electoral. La aparición de esta formación, con seguridad, en el caso muy probable de que llegue a consolidarse electoralmente, podrá provocar un importante seísmo en el mapa electoral español, que a quien más debilitará, debido a la ley electoral vigente, sería al Partido Popular, que es la formación, al menos hasta ahora, que monopoliza todos los votos desde la extrema derecha al templado centro derecha. Lo curioso del caso, es que la aparición de “Vox”, aunque muchos se escandalicen por ello, puede ser considerado como un paso hacia la normalización, pues en los países de nuestro entorno, los partidos conservadores con opciones reales de gestionar el poder, suelen tener a su derecha una formación aún más de derechas que ellos, algo que en España desde hace tiempo no ocurre.


30.01.14

viernes, 21 de marzo de 2014

Sobre el independentismo catalán, y 3

21.- Sobre el problema independentista catalán, y 3

            Está claro que si una inmensa mayoría de los catalanes desean la independencia, no puede haber nadie, que a medio plazo, consiga hacer frenar ese anhelo, por lo que, ante  una situación de tal naturaleza, lo único sensato que se podría hacer, es facilitar, con la mejor voluntad posible el proceso de transición, pero como creo que en este caso, debido a la dilatada historia común y a los enrevesados intereses creados a lo largo de los años, una parte significativa, ideológica y culturalmente heterogénea, no va a estar por la labor, es esencial comenzar a conocer los datos con los que se cuentan, por lo que es imprescindible la realización de un referéndum. Sí, no hace falta una consulta popular para constatar si los catalanes pueden votar para decidir su futuro político, si junto a España o fuera de España, pues resultaría absurdo, ya que todo pueblo tiene no sólo el derecho, sino también la obligación de decidir sobre lo que le apetezca, y mucho más sobre su futuro, por lo que en realidad hay que plantearse la convocatoria de un referéndum, que cuente con todas las garantías posibles, para saber el número de catalanes que en estos momentos se decantan por seguir perteneciendo al Estado español sin dejar de ser catalanes, y cuántos otros, prefieren dejar de ser españoles para ser solos ciudadanos de un estado catalán independiente. Esta es la cuestión, la única cuestión que en estos momentos me interesa, pues dependiendo de los apoyos reales con los que cuente una u otra opción, habría que implementar estrategias diferentes. No siendo lo mismo, evidentemente, que se produjera un “sí” mayoritario a la independencia que un “no”, pero lo que en realidad complicaría la situación, como posiblemente vaya a ocurrir, es que no se produzca ni un “si” mayoritario ni un “no”, sino todo lo contario, que es el escenario que nadie desea al ser el más complicado para todos, el que exigirá un mayor sobreesfuerzo político que no estoy seguro que esté al alcance de nuestros avezados representantes, poco dados, y poco dotados, para gestionar conflictos que vayan más allá de situaciones  en que lo blanco no se presente blanco y que lo negro no sea del todo negro. Sí, cada día estoy más convencido, a pesar de que según dicen todo ha cambiado muy deprisa en los últimos años, que el tan manoseado referéndum, que unos exigen y otros niegan, aportará un empate técnico que imposibilitará tanto la independencia como el mantenimiento del actual status quo, y también posiblemente la opción federal, a la que tanto se aferran ahora los socialistas, por la sencilla razón, de que el federalismo no traería nada, o casi nada nuevo, pues la estructura actual del sistema, el denominado Estado de las Autonomías, por muy criticado que siempre haya estado, es mucho más federal que la mayoría de los regímenes federales existentes.
            Lo que parece evidente, es que vengan como vengan tiradas las cartas, hay que buscar entre todos, al menos entre los actores que se sientan responsables, una solución estable que a largo plazo, al menos solvente el conflicto identitario actual, y no una salida coyuntural que dure sólo el tiempo suficiente hasta que el estado de opinión de la ciudadanía vuelva a cambiar. Si bien nada puede ser definitivo, y menos en estas épocas tan cambiantes, lo que parece evidente es que hay que trabajar para conseguir un sólido consenso, que si bien no haga feliz a nadie, tampoco logre que nadie lo rechace de forma radical, o dicho de otra forma, en el que nadie se sienta excesivamente confortable en él, pero al mismo tiempo, y esto es importante, nadie incómodo.
            Dicho lo anterior, y dejando a un lado lo que este país nunca podrá volver a ser, o no podrá continuar siendo, la única alternativa viable se presenta, la única, y resulta curioso que es la única posibilidad que nadie se ha atrevido a barajar, el es modelo confederal, que supone un paso adelante desde el federalismo, opción que digan lo que digan sus defensores ha quedado completamente desfasada, y que se queda a un paso de la independencia, lo que supondría que los que abogan por la Soberanía Nacional de Cataluña tendrían, de hecho, lo que desde hace tiempo desean, al tiempo que aquellos que aspiran a mantener los lazos con España podrían seguir manteniéndolos. Esto no significaría, porque carecería de sentido, que el actual Estado de las Autonomías se convierta de la noche a la mañana en un Estado Confederal, no, pero sí que mediante una estudiada y medida reforma constitucional, Cataluña, y posiblemente el País Vasco, que son las comunidades que más incómodas se encuentran dentro del actual sistema, al demandar más competencias de las que éste les puede aportar, puedan convertirse en Estados federados a España, estados soberanos, con gobiernos propios, con todas las competencias a su cargo, pero con una relación bilateral fluida y repleta de complicidades, y de compromisos con el Estado español, que junto a ellos, de tú a tú, conformarán un nuevo marco que necesariamente hay que construir en beneficio de todos.
            Soy consciente, obviamente, que esta propuesta es más fácil de exponer que de  implementar, que las dificultades que supondría un acople de tales características y calibre superaría en múltiples ocasiones el saber hacer de nuestros políticos, acostumbrados desde hace tiempo a “faenas de bajura”, pero una apuesta de tal envergadura, si en realidad se desea acabar con la eterna polémica de la estructura territorial de nuestro Estado, es la única posible y de largo alcance. El modelo a seguir para los que piensen que lo expuesto es sólo un ejercicio gratuito de algebra política, es la propia estructura de la Unión Europea.

20.09.13

viernes, 7 de marzo de 2014

Sobre el independentismo catalán, 2

Desde el mirador 5

20.-  Sobre el problema independentista catalán, 2

            La situación cada día es más  confusa, pese a que todos los actores han puestos sobre la mesa sus planteamientos, planteamientos que difícilmente podrán hacer posible un diálogo constructivo que vaya más allá de salir en una foto, diálogo por el que todos abogan de cara a la galería, lo que se agrava, siempre hay quien cuenta con más leña para avivar el fuego, con  las declaraciones que ayer realizó el Comisario europeo para la Competencia, el español Joaquín almunia, quien afirmó que no hay que engañarse, que si una parte de un país perteneciente a la Unión europea decide desgajarse de él, quedaría automáticamente fuera de la Unión, teniendo que solicitar su ingreso, lo que supondría años de espera, años que tendría que pasar fuera del paraguas de la Unión, es decir, poco menos que a la intemperie. Lo que está claro, al menos es lo que pienso, que lo importante no es que las partes se  sienten cara a cara en una mesa de diálogo, en la que cada uno de los interlocutores impermeablemente digan lo que piensan, ya que lo que resulta esencial en estos momentos es que entre en escena la política, que es mucho más, mucho más que dedicarse a escupir el discurso que se posea al otro y ante los medios de comunicación que allí se den cita. Es positivo que cada cual sepa lo que quiere, y que exponga sus planteamientos de la forma más adecuada, pero una negociación política tiene que ir más allá, pues de lo que se trata, y esta es la función de la política, es de intentar encontrar una salida satisfactoria a los conflictos sobre los que se trabaje, una solución que pasará necesariamente, no tanto en tener que ceder, nadie tiene que hacerlo, pero sí en buscar y en intentar encontrar nuevos escenarios en donde las diferentes perspectivas en disputa puedan tener cabida. En la actual coyuntura, todos saben de forma diáfana por lo que tienen que apostar, todos, pero hasta el momento nadie parece poseer la altura política necesaria para aportar esos escenarios alternativos que tengan la virtud no sólo de desactivar el  problema, sino poner sobre la mesa objetivos, nuevos proyectos creíbles, que consigan ilusionar a una ciudadanía que cada vez se encuentra más desilusionada tanto con su presenta como ante el futuro que le espera.
            Todo país para que funcione, para que funcione adecuadamente, necesita poseer un proyecto común que vertebre y enerve a su ciudadanía, circunstancia de la que hace tiempo carece España, cuyo proyecto de país, en el caso de que exista más allá de las banderas, de los espectáculos deportivos y de las proclamas políticas, se encuentra tan debilitado que favorece la dispersión, lo que ha potenciado, por ejemplo, el auge del independentismo catalán. Los nacionalistas catalanes, con inteligencia, han sabido aprovecharse de la anémia que desde hace tiempo padece lo español, articulando gracias a la idea de la nación catalana, de la nación catalana independiente, una esperanza que ha prendido con fuerzas en el tejido social catalán, que observando que poco se puede esperar de España, a quien para colmo suelen echar la culpa de todos sus males, se sienten con fuerzas para emprender por separado su futuro.
            No hace falta decir aquí que no soy nacionalista, que ninguna de sombra de campanario consigue erizarme la piel, por lo que observo con asombro tanto a esos nacionalistas que ahora con tanto ímpetu defienden la bandera y la letra de la Constitución, como aquellos otros que se dedican a pasear, a levantar y a presentar la señera, o la ikurriña, como su único fundamente político, de suerte, que en el fondo me da igual, absolutamente igual que Cataluña siga perteneciendo a España, se proclame independiente o se adhiera a Lituania, siempre y cuando, por supuesto, que las decisiones que se lleven a cabo se realicen democráticamente. Tampoco comprendo ese interés que tienen algunos de presentar la Constitución como algo inamovible, como un pétreo e irremplazable dique contra “el caos”, cuando una constitución no puede ser más que un instrumento que favorezca la convivencia, un instrumento político que como tal, y con objeto de estar siempre adaptado a la realidad, se manifieste siempre abierto a las modificaciones que esa realidad le aconseje, para que no pase a convertirse en un impedimento para la misma convivencia a la que dice querer favorecer.
            Por ello, el denominado “patriotismo constitucional” es un concepto absurdo, como también lo sería creer en unos alicates o en un destornillador, que también son instrumentos, ya que en lo que hay que creer es en las ideas que se posean, en las ideas que trabajosamente cada cual ha logrado elaborar, para que puestas en la arena del debate político, puedan confrontarse con otras con objeto de poder consensuar marcos de convivencia viables. La política es el gran antídoto contra el autismo por el que trabajosamente nuestras sociedades se deslizan, ya que nos obliga a escuchar y abrirnos a los otros, haciéndonos comprender que sólo somos uno más y por supuesto, a aceptar que ni nosotros ni nuestras ideas conformamos el ombligo del mundo.
            No sé realmente, si como dicen las encuestas, una mayoría raspada de catalanes estarían dispuestos a  votar por la segregación de Cataluña de España, ciertamente no lo sé, pero lo que sí parece claro, es que importantes sectores de esa comunidad, que aunque no mayoritarios, no están de acuerdo con tal opinión, radicando precisamente aquí el problema, ya que la pregunta sería, ¿qué pasaría si en un hipotético referéndum, el sesenta o el sesenta y cinco por ciento de la población catalana optara por la independencia y el resto no? ¿Qué pasaría con ese treinta y cinco o cuarenta por ciento restantes?  La cuestión hay que reconocer que es bastante compleja, pues de la noche a la mañana alguien que no lo desea no puede dejar de pertenecer a un país, a una identidad cultural determinada, sobre todo si se comprueba que vivimos en el siglo XXI. Por ello, la aparición en escena de la política, de la política con mayúsculas, es esencial.


18.09.13

miércoles, 26 de febrero de 2014

Sobre el independentismo catalán, 1

19.-Sobre el problema independentista catalán, 1

            La celebración la semana pasada del Día Nacional de Cataluña, de la Diada, ha logrado subrayar, una vez más, posiblemente el mayor problema estructural al que se enfrenta España, en esta ocasión no ya la vertebración territorial del Estado, sino el mantenimiento del mismo, ya que amplios sectores de la sociedad catalana, y esto es un hecho real, aspira, sin ningún tipo de disimulo, a la independencia. Hasta hace relativamente poco tiempo el tema era otro, el de acomodar, de la mejor forma posible, Cataluña a España, pero los errores de bulto de unos y los aciertos de otros, han conseguido modificar el escenario político, que amenaza, debido al enroque suicida de las partes, con imposibilitar una salida aceptable, gracias  a la cual, la actual situación pueda reconducirse sin que nadie se sienta derrotado al haber tenido que dejar en el camino sus postulados.
            La situación actual es compleja, pues si importantes son los sectores catalanistas que aspiran a la independencia, aún mayor es el número de catalanes, que desde la legitimidad democrática, exigen un referéndum sobre el derecho a decidir, o lo que es lo mismo, que se le deje a la ciudadanía catalana poder determinar si desea seguir perteneciendo, o no, a lo que aún hoy se denomina España.
            Hace algún tiempo, cuando el Partido Popular consiguió, gracias a una amplia mayoría, hacerse con el gobierno de la nación, escribí en estas mismas páginas, que el problema a medio plazo más importante al que tendría que enfrentarse, más incluso que la crisis económica que por entonces comenzaba a asomarse por todos los resquicios, era el denominado “problema catalán”, escribiendo también, que debido a la extracción ideológica de este Partido, no era ni de lejos el más capacitado para enfrentarse a tal espinoso tema, lo que ahora, después de leer la respuesta que ha dado a lo acontecido el pasado Once de Septiembre, en la que ofrece diálogo, cierto, pero siempre y cuando todo se atenga a la legalidad constitucional, no tengo más remedio que reconocer, y no me alegro de ello, que tenía razón en lo que dije, que el Partido Popular genéticamente no está capacitado para afrontar un tema de tal calibre.
            El día siguiente a la “Diada”, en una tertulia política televisiva, escuché dos planteamientos que realmente me preocuparon, pues creo que correspondían, en un sentido y en otro, a la opinión política que se mantiene sobre lo que está aconteciendo en Cataluña fuera de Cataluña, o lo que es lo mismo, a los puntos de partida que la clase política, y el mundo político español, sostiene ante lo que se les viene encima.  Por un lado, me llamó la atención, que un destacado periodista de uno de los medios que más han apoyado al Partido Popular dijera que la solución es fácil, hacer respetar la legislación vigente, al no existir ninguna alternativa política fuera de los mandatos que ofrece la Constitución, Constitución que por otra parte fue respaldada, en su día,  mayoritariamente por el pueblo catalán. Evidentemente, y basándose en lo anterior, para él, realizar un referéndum para que se pueda saber si los catalanes pueden decidir su independencia resultaría, además de absurdo, ilegal, ya que tal posibilidad no viene contemplada en nuestra sacrosanta Carta Magna. En principio, la actitud de este afamado periodista, cuya altura política quedó demostrada, que para colmo, y esto es lo grave, coincide punto por punto con la que mantiene el Partido Popular, me resultó de una agresividad, por no decir de una falta de sensibilidad política alarmante, pues si algún día se imponen sus planteamientos,  posibilitará ese choque de trenes que por todos los medios hay que evitar. Por el otro lado, en la misma tertulia, un dirigente medio del partido Socialista, que al parecer cuenta con algún predicamento entre los socialistas madrileños, Comunidad por la que es parlamentario regional, afirmó muy serio, después de hablar del cariño que siente por Cataluña y los catalanes, que él era un republicano francés, es decir un jacobino, por lo que sólo lucharía por la igualdad de los derechos, independientemente al lugar donde se asienten, de todos los ciudadanos del Estado español, no siendo de recibo por tanto, según él, que los que vivan en una Comunidad determinada, cuenten con más derechos y con más recursos que los que tengan la desgracia de vivir en otra. El Estado para este economista y diputado regional madrileño, tiene que velar, y de forma militante, para que no se produzcan asimetrías sociales, y no sólo económicas sino tampoco políticas, por lo que no ve con buenos ojos posibilitar un referéndum que a lo que aspira, es a singularizar a una Comunidad que dice sentirse maltratada fiscal, cultural y políticamente sin motivos para ello, consulta que lo que pretende es acentuar el concepto de nación, de la nación catalana, por encima del de ciudadanía, algo que a estas alturas le resulta ahistórico. No cabe duda, que a pesar de que ambos planteamientos surgen de las antípodas ideológicas, coinciden en lo mismo, en negar la posibilidad de que los catalanes puedan decidir si desean, o no, seguir perteneciendo a España, lo que deja en suspenso la posibilidad del diálogo por el que ambos abogan, lo que unido a la intransigencia nacionalista, que cada vez pide más apoyo del exterior, presentando a Cataluña como un pueblo oprimido y poco menos que colonizado y explotado por el Estado español, sitúa la cuestión en un plano poco menos que irresoluble.


16.09.13