martes, 8 de enero de 2013

Sobre los sucesos del Madrid Arena

5.- Sobre los sucesos del Madrid Arena

Los sucesos que acaecieron en la madrugada del pasado jueves en el pabellón polideportivo Madrid Arena, donde una avalancha provocó la muerte de cuatro jóvenes, está provocando un tsunami informativo de gran envergadura, en donde las acusaciones de unos y los movimientos defensivos de los otros, está monopolizando el espacio de las tertulias políticas y las primeras páginas de los periódicos. No quiero entrar aquí en los temas vertebrales del debate, al no considerarme capacitado para hablar lo los mismos, pero sí me quiero detener en la rueda de prensa que ayer ofreció la alcaldesa de Madrid, en la que rodeada de sus hombres de confianza en el Ayuntamiento, y de un alto cargo de la Policía Nacional, trató con cierto voluntarismo de tirar todos los “balones fuera”, con la intención de no quedar dañada por los efectos del suceso. De esa rueda de prensa me quedaron varias cosas claras, que Madrid no merece tener una alcaldesa como la que tiene, cuyo único mérito, como pude certificar ayer, es la de ser la mujer de José María Aznar, y por otro lado, que los postulados ideológicos imperantes en estos momentos, consistentes en buena medida en traspasar competencias de lo público a lo privado, traerá consecuencias, todas ellas negativas, en poco tiempo.
Sobre Ana Botella por razones evidentes es mejor no hablar, pero de la justificación, ideológica por supuesto, detrás de la cual trataron de esconderse los responsables municipales, y que es reflejo de los tiempos en que vivimos, sí creo importante reflexionar, pues es conveniente no pasar de largo de lo que en principio puede parecer anecdótico, ya que en ello, casi siempre se asienta lo verdaderamente sustancial. Según dichos responsables, que no descartan si se han producido responsabilidades presentarse como acusación particular, ellos no tienen la culpa de nada, al haberse limitado a ceder a un particular, a una sociedad mercantil privada, por supuesto con ánimo de lucro, un espacio municipal para que en él se realizara una macro fiesta coincidiendo con algo tan español como la festividad de Halloween. También recalcaron, que dicha empresa se había comprometido a respetar todos los protocolos de seguridad que tales eventos exigen, por lo que el municipio poco podía hacer, aparte de cobrar la cantidad económica que el alquiler del espacio les aseguraba. Todo perfecto, al menos para el régimen de capitalismo avanzado hacia el que nos quieren conducir nuestros actuales gobernantes, que aspira a que exista una separación clara entre lo público y lo privado, en donde la única función de lo público, y siempre a posteriori, no puede, o no podría ser otra que la de exigir cuentas, judiciales o económicas, cuando se haya incumplido fehacientemente la legislación o los acuerdos pactados. Este es el nuevo régimen hacia el que nos encaminamos, en donde el poder público, lavándose las manos ante lo que suceda o pueda ocurrir, sólo podrá actuar, con la legislación en la mano, cuando los acontecimientos ya han sucedido, lo que modificará la función de la Administración, a la baja, tal como desean los liberales que desde la pureza ideológica tratan de reorganizar nuestras sociedades.
Este movimiento que se está produciendo, que en el fondo no es más que un golpe de estado silencioso contra lo que hasta ahora se ha denominado el Estado del bienestar, y ante el que pocos hacen algo, parte del supuesto axiomático de que la iniciativa privada todo lo hará mejor que la pública, lo que, por mucho que se publicite, es un grave error, como también lo es lo contrario, ya que ambos sectores en lugar de contraponerse tienen la obligación de complementarse entre sí. Lo privado sólo tiene sentido gracias a la rentabilidad, a los beneficios que la actividad que desarrolla pueda obtener, lo que supone que su labor necesariamente tiene que sustentarse en la existencia de un determinado margen de beneficio o de ganancia para el que la lleve a efecto, de suerte, que todo tiene que observarse desde esa perspectiva, por lo que es lógico, que ante la duda, se prefiera reducir costes, por muy esenciales que estos sean, ante la posibilidad de que se reduzca la rentabilidad. Aquí se puede encontrar la causa de lo ocurrido en Madrid, que la Empresa, para aumentar sus márgenes de beneficio, escatimó en servicios de seguridad, lo que desde el plano estrictamente mercantil parece lógico. Por el contrario, aunque a estas alturas parezca de Perogrullo, las Administraciones Públicas tienen o deben de buscar el bien de la ciudadanía, dejando para un segundo plano la propia rentabilidad.
Pero no hay que entrar en esta dicotomía, tal y como muchos desean, pues se quiera o no, esa es una cuestión completamente superada, ya que lo importante, en las alturas históricas en que nos encontramos, es trabajar por la interrelación entre ambas corrientes, partiendo de la base de que “la pureza”, que es una enfermedad de la adolescencia, y una dañina estrategia ideológica, que suele ocultar más de lo que publicita, es algo que entre todos, por cordura y por realismo, tenemos que erradicar.
Tal como ha sucedido en el origen de la actual crisis económica que padecemos, en donde al haberse abstenido la Administración del control de lo privado, las diferentes instituciones financieras, en su constante búsqueda del beneficio, traspasaron todas las líneas rojas que la prudencia aconsejaba, lo mismo ocurre y puede ocurrir cuando la sacrosanta iniciativa privada, en cualquiera de los ámbitos en que se desarrolle, no es vigilada y controlada exhaustivamente. El Estado no puede ejercer de árbitro a posteriori, cuando todos los desastres ya se han ocasionado, sino que tiene la obligación de estar siempre pendiente, vigilante, observando de cerca que se cumplan las diferentes reglamentaciones, y debe de estar en todo momento dispuesto a intervenir, cuando compruebe, por los motivos que sean, que la normativa se intenta sortear. La bondad del Estado no interventor es un mito, al demostrar la realidad de forma constante y fehaciente su inutilidad, prueba de lo anterior es lo que esta semana ha ocurrido en Madrid.

03.11.12

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