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Sobre los sucesos del Madrid Arena
Los
sucesos que acaecieron en la madrugada del pasado jueves en el
pabellón polideportivo Madrid Arena, donde una avalancha provocó la
muerte de cuatro jóvenes, está provocando un tsunami informativo de
gran envergadura, en donde las acusaciones de unos y los movimientos
defensivos de los otros, está monopolizando el espacio de las
tertulias políticas y las primeras páginas de los periódicos. No
quiero entrar aquí en los temas vertebrales del debate, al no
considerarme capacitado para hablar lo los mismos, pero sí me quiero
detener en la rueda de prensa que ayer ofreció la alcaldesa de
Madrid, en la que rodeada de sus hombres de confianza en el
Ayuntamiento, y de un alto cargo de la Policía Nacional, trató con
cierto voluntarismo de tirar todos los “balones fuera”, con la
intención de no quedar dañada por los efectos del suceso. De esa
rueda de prensa me quedaron varias cosas claras, que Madrid no merece
tener una alcaldesa como la que tiene, cuyo único mérito, como pude
certificar ayer, es la de ser la mujer de José María Aznar, y por
otro lado, que los postulados ideológicos imperantes en estos
momentos, consistentes en buena medida en traspasar competencias de
lo público a lo privado, traerá consecuencias, todas ellas
negativas, en poco tiempo.
Sobre
Ana Botella por razones evidentes es mejor no hablar, pero de la
justificación, ideológica por supuesto, detrás de la cual trataron
de esconderse los responsables municipales, y que es reflejo de los
tiempos en que vivimos, sí creo importante reflexionar, pues es
conveniente no pasar de largo de lo que en principio puede parecer
anecdótico, ya que en ello, casi siempre se asienta lo
verdaderamente sustancial. Según dichos responsables, que no
descartan si se han producido responsabilidades presentarse como
acusación particular, ellos no tienen la culpa de nada, al haberse
limitado a ceder a un particular, a una sociedad mercantil privada,
por supuesto con ánimo de lucro, un espacio municipal para que en él
se realizara una macro fiesta coincidiendo con algo tan español como
la festividad de Halloween. También recalcaron, que dicha empresa se
había comprometido a respetar todos los protocolos de seguridad que
tales eventos exigen, por lo que el municipio poco podía hacer,
aparte de cobrar la cantidad económica que el alquiler del espacio
les aseguraba. Todo perfecto, al menos para el régimen de
capitalismo avanzado hacia el que nos quieren conducir nuestros
actuales gobernantes, que aspira a que exista una separación clara
entre lo público y lo privado, en donde la única función de lo
público, y siempre a posteriori, no puede, o no podría ser otra que
la de exigir cuentas, judiciales o económicas, cuando se haya
incumplido fehacientemente la legislación o los acuerdos pactados.
Este es el nuevo régimen hacia el que nos encaminamos, en donde el
poder público, lavándose las manos ante lo que suceda o pueda
ocurrir, sólo podrá actuar, con la legislación en la mano, cuando
los acontecimientos ya han sucedido, lo que modificará la función
de la Administración, a la baja, tal como desean los liberales que
desde la pureza ideológica tratan de reorganizar nuestras
sociedades.
Este
movimiento que se está produciendo, que en el fondo no es más que
un golpe de estado silencioso contra lo que hasta ahora se ha
denominado el Estado del bienestar, y ante el que pocos hacen algo,
parte del supuesto axiomático de que la iniciativa privada todo lo
hará mejor que la pública, lo que, por mucho que se publicite, es
un grave error, como también lo es lo contrario, ya que ambos
sectores en lugar de contraponerse tienen la obligación de
complementarse entre sí. Lo privado sólo tiene sentido gracias a la
rentabilidad, a los beneficios que la actividad que desarrolla pueda
obtener, lo que supone que su labor necesariamente tiene que
sustentarse en la existencia de un determinado margen de beneficio o
de ganancia para el que la lleve a efecto, de suerte, que todo tiene
que observarse desde esa perspectiva, por lo que es lógico, que ante
la duda, se prefiera reducir costes, por muy esenciales que estos
sean, ante la posibilidad de que se reduzca la rentabilidad. Aquí
se puede encontrar la causa de lo ocurrido en Madrid, que la Empresa,
para aumentar sus márgenes de beneficio, escatimó en servicios de
seguridad, lo que desde el plano estrictamente mercantil parece
lógico. Por el contrario, aunque a estas alturas parezca de
Perogrullo, las Administraciones Públicas tienen o deben de buscar
el bien de la ciudadanía, dejando para un segundo plano la propia
rentabilidad.
Pero
no hay que entrar en esta dicotomía, tal y como muchos desean, pues
se quiera o no, esa es una cuestión completamente superada, ya que
lo importante, en las alturas históricas en que nos encontramos, es
trabajar por la interrelación entre ambas corrientes, partiendo de
la base de que “la pureza”, que es una enfermedad de la
adolescencia, y una dañina estrategia ideológica, que suele ocultar
más de lo que publicita, es algo que entre todos, por cordura y por
realismo, tenemos que erradicar.
Tal
como ha sucedido en el origen de la actual crisis económica que
padecemos, en donde al haberse abstenido la Administración del
control de lo privado, las diferentes instituciones financieras, en
su constante búsqueda del beneficio, traspasaron todas las líneas
rojas que la prudencia aconsejaba, lo mismo ocurre y puede ocurrir
cuando la sacrosanta iniciativa privada, en cualquiera de los ámbitos
en que se desarrolle, no es vigilada y controlada exhaustivamente.
El Estado no puede ejercer de árbitro a posteriori, cuando todos los
desastres ya se han ocasionado, sino que tiene la obligación de
estar siempre pendiente, vigilante, observando de cerca que se
cumplan las diferentes reglamentaciones, y debe de estar en todo
momento dispuesto a intervenir, cuando compruebe, por los motivos que
sean, que la normativa se intenta sortear. La bondad del Estado no
interventor es un mito, al demostrar la realidad de forma constante
y fehaciente su inutilidad, prueba de lo anterior es lo que esta
semana ha ocurrido en Madrid.
03.11.12

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