martes, 27 de diciembre de 2011

Sobre los retos del Partido Popular (1)


ACERCAMIENTOS
(acb.014)

Sobre los retos del Partido Popular (1)
Las elecciones celebradas hace unos días han servido para certificar lo que todos imaginábamos, que la derecha, con un apoyo mayoritario, recuperara el gobierno del país. Sí, porque desde hace bastante tiempo todas las cartas estaban echadas, pues los socialistas, parecían que habían tirado definitivamente la toalla, al haberse quedado sin discursos y lo que es peor, sin iniciativa propia. La victoria de la derecha ha sido por goleada, y se espera, que a diferencia de los vencidos, impongan al menos una política diáfana a seguir, pues se tiene la sensación, de que como estamos, a merced de todos los vientos, resulta imposible seguir.
Después de observar los resultados, que indudablemente representan un cheque en blanco, un apoyo sin fisuras a las políticas económicas y no sólo económicas que “los populares” estimen conveniente llevar a cabo, comprendí que lo van a tener muy complicado, ya que la crisis económica que padece España sólo podrá ser afrontada, si realmente se desea atajar el origen de la misma, con medidas que modifiquen las actuales estructuras productivas sobre las que se asienta nuestra sociedad. Sí, porque lejos de lo que ocurrió con otras coyunturas negativas, ahora las causas son estructurales, de suerte que, o se afrontan con valentía las mismas, o la famosa crisis nos llevará a todos “por delante”. Pero el tema económico no es el único al que tendrán que hacer frente, pues tras las elecciones también ha quedado al descubierto la gravedad del problema de los nacionalismos, tanto en el País Vasco como en Cataluña, lo que deposita en sus manos una patata caliente difícil de controlar, aunque evidentemente esta cuestión, que puede tener unos efectos futuros de indudable trascendencia, ha quedado eclipsada por la magnitud del problema principal, la crisis económica que asola a España a todo el continente europeo.
Ya no queda margen, y por tanto, se quiera o no, ha llegado el momento de solventar los problemas de fondo que nos han conducido a la actual situación, a pesar de que ello pueda acarrear una significativa merma en la calidad de vida de la ciudadanía, y a una importante modificación de la estructura territorial y política de nuestro país. La política no sólo puede aportar mejoras inmediatas, sino que tiene que tener el valor suficiente como para atreverse a extirpar las diferentes disfunciones que puedan detectarse, pues siempre debe mirar por el bien a medio y largo plazo de las sociedades sobre las que actúa, y no sólo al corto como ha ocurrido durante demasiado tiempo en nuestro país. Mirar sólo hacia lo inmediato es bueno para ganar elecciones, pero ese tipo de política, en muchas ocasiones, sólo se sustenta en dejar para más adelante, para cuando ya no quede más remedio que encararlos, los problemas que por dejadez ya han conseguido enquistarse. Y esto último es lo que efectivamente ha ocurrido en España, que no se le ha dado importancia a determinadas cuestiones, hasta que se han convertido en un peligroso asunto que necesariamente, de la forma que sea, aunque cuanto menos traumática mejor, no hay más remedio que solventar.
Queda claro, que con cinco millones de desempleados, con una economía al borde de la recesión, el primer problema que hay que encarar es la crisis económica que se está cebando desde hace algún tiempo contra nuestra sociedad. Ciertamente esta crisis no es solo endógena, ya que también la están padeciendo las economías de los países de nuestro entorno más inmediato, pero tampoco se puede eludir el hecho de que nuestro sistema económico desde hace bastante tiempo padece una serie de males, que amenazan seriamente con noquearlo. La justificación desde el gobierno cesante, para justificarse la sido siempre la misma, “España padece una importante crisis motivada por una coyuntura económica negativa a nivel internacional”, sin decir en ningún momento, que a nuestro país le ha afectado más de la cuenta por la sencilla razón de que su economía ya se encontraba demasiado dañada, incluso antes de que ese proceso global comenzara. Sí, dañada desde hace bastante tiempo, sin que se hubiera hecho absolutamente nada, salvo “tirar balones fuera”, para intentar atajarla. Y este es un grave error que hay que achacarles a los diferentes gobiernos socialistas que han estado controlando el poder político durante las dos últimas legislaturas, aunque tal crítica, para algunos, pueda resultar dolorosa.
¿Pero cuál ha sido el problema de fondo?, sin duda alguna que se ha vivido por encima, muy por encima de nuestras posibilidades, y que por ello, nos hemos tenido que entrampar más de lo necesario, sin poseer sólidos avales que garantizaran dichas deudas. No quiero entrar aquí en los que se están aprovechando de la actual coyuntura para pescar más de la cuenta “en aguas revueltas”, en aquellos poderes que utilizan la situación para imponer sus postulados ideológicos, entre otras razones porque “se la están (se la estamos) poniendo como a Fernando VII”, pues a estas alturas, lo realmente importante es señalar, y diagnosticar, los problemas en los que están cayendo determinadas sociedades europeas, que están obligando a éstas, a caer, como frutas maduras en las redes del neoliberalismo. Pero tal hecho no está ocurriendo gracias al empuje de los abanderados del liberalismo radical, que siempre han estado ahí, esperando y conspirando, sino por desmerito de los que en todo momento han apostado y siguen apostando por el Estado social y de derecho europeo. Para comenzar, posiblemente haya que decir, que el grave error ha podido encontrarse en que se ha creído que nuestro excepcional sistema político, que siempre ha sido modélico, era en sí imperecedero, y que por tanto no había por qué cuidarlo, sin comprenderse que algo tan frágil como el mismo, necesitaba que se estuviera siempre pendiente de él, detectando sus posibles fisuras, sus contradicciones y desviaciones, con objeto de ir adaptándolo a las diferentes variables que la cambiante realidad, con su terquedad habitual, siempre se encarga de imponer. Se ha creído, en suma, que se trataba de una conquista social consolidada, que siempre, por muy mal que fueran las cosas nos acompañaría protegiéndonos, hasta que en un momento determinado nos hemos dado cuenta que todo, absolutamente todo, se podía venir abajo precisamente por nuestra dejadez y por nuestra falta de previsión.

Miércoles, 30 de noviembre 2011.




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